La biblioteca personal de Rafael Azcona. Historia de un Archivo gráfico (Madrid 2009, Logroño 2021)
1. Una explicación
Rafael Azcona (Logroño, 1926-2008), manifestó en numerosas ocasiones que siempre se sintió más atraído por la literatura que por el cine. Fiel a la vocación lectora subyacente a su oficio de eximio guionista, fue un asiduo visitante de librerías durante toda su vida y más de una vez confesó que nunca se dormía sin un libro en la mano –y no “para coger el sueño”, como afirma el decano protagonista de Belle Époque–.
La copiosa biblioteca rica en obras clásicas, actuales, raras, que formó en su vivienda familiar del Paseo de La Habana, en Madrid, es la prueba irrefutable de tal afición. El predominio de los libros sobre otros materiales justifica hablar de biblioteca, y sin duda erala impresión que producía al visitante, pero sin que faltara el sello contemporáneo de una inevitable videoteca,numerosos álbumes musicales y objetos de arte.[1]
En el campo de la crítica literaria, el término ‘biblioteca’, tiene, además de su significado más universal, un sentido simbólico que hace referencia a las lecturas y al acervo libresco de una persona, fundamentalmente de un escritor, que emergen y se manifiestan de diferente manera en su vida pública y producción intelectual. En raras ocasiones, el repertorio abstracto se puede contrastar con los libros concretos y la biblioteca como espacio físico y material. Más raro aún es que la biblioteca se conserve con el ordenamiento y (des)orden que le confirió su dueño. Estas condiciones de felicidad se han dado, al menos en una alta proporción, en torno a la biblioteca del escritor y guionista riojano, dando origen al presente estudio, concebido en varias etapas.
Esta primera entrega de “La biblioteca de Rafael Azcona. Historia de un archivo gráfico (Madrid 2009 – Logroño 2021)”, a partir de los diferentes sentidos del citado concepto, realiza un recorrido visual comentado, con base en una selección de imágenes e información bibliográfica de la que fuera la biblioteca personal del cineasta. El objetivo no es proporcionar un inventario exhaustivo de los materiales existentes, sino preservar la memoria del entorno físico, y fundamentalmente, de la ordenación que le diera su propietario, a partir del convencimiento de que una biblioteca es resultado de una determinación individual e intransferible desarrollada a lo largo de los años. El resultado de la lenta labor de adquirir, coleccionar y acomodar libros, deriva en una historia y una identidad donde se resguardan claves de la vida intelectual de su dueño, que se ofrecen al observador interesado en descifrarlas.[2]
En esta dirección, el adjetivo ‘personal’no hace mención solamente a una suma de libros pertenecientes a Rafael Azcona, sino al espacio que los contenía, tal como él lo había organizado o, eventualmente, asentido para su organización; es decir, alude a una construcción, en absoluto azarosa ni irrelevante, que bien puede encerrar una poética, si se acepta que existen ‘poéticas de bibliotecas’.Sea cual fuere el término justo,la arquitectura de los anaqueles y la disposición de los libros, el ambiente que los alberga junto con las huellas de su montaje y uso, constituyen un venero único, pero intangible y frágil, que difícilmente puede preservarse si los volúmenes son trasladados a otro domicilio.
Al hilo de este razonamiento, la información y las imágenes que se irán incorporando a esta página ofrecen una aproximación a la biblioteca tal como la forjó su propietario, con un orden -y un desorden- que habla de sus gustos y preferencias, sus rutinas y herramientas de trabajo y sobre todo, de su experiencia de lectura. Reconstruye por tanto un lugar significativo del entorno privado de Rafael Azcona, a la manera de una biografía libresca que guarda pormenores insustituibles de su trayecto intelectual, más aún cuando se trata de un autor cuya formación autodidacta fue de especial gravitación en su carrera. Los libros que atesoró durante largos años, y la relación con ellos que puede inferirse,permiten explorar desde una perspectiva poco usual tanto el universo narrativo subyacente en sus guiones y novelas como numerosas claves e indicios de la vida cultural española de la segunda mitad del siglo XX.
[1] V. Cabezón García, Luis Alberto, 2016. “Legado Rafael Azcona. Biblioteca personal del escritor”. Belezos: Revista de cultura popular y tradiciones de La Rioja, Nº. 32, 2016, pp. 28-33.<https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1224927>
[2]Más información en Macciuci, R., 2013: “La biblioteca personal de Rafael Azcona. Más que libros”. Olivar, Revista de literatura y cultura españolas, 14, nº19, dic., Centro de Teoría y Crítica Literaria, FAHCE, pp. 225-234, ISSN 1515-1115.<http://www.olivar.fahce.unlp.edu.ar/article/view/OLIv14n19a11/pdf_49>
2. Historia de un archivo gráfico
Cuando en 2009, pasado un año de la muerte de Rafael Azcona, conocí en Madrid a su esposa Susan Youdelman debido a que encontró mis datos entre los papeles que encontró en su escritorio, ambas coincidimos en el valor que por diferentes motivos encerraba la biblioteca.[1]
Poco después, ya en el que fuera hábitat doméstico casi inexpugnable en vida del guionista, impregnado todavía del aura de su presencia, tomé conciencia, mientras descubría las huellas que hablaban de su historia intelectual y de su vida profesional en anaqueles, biblioratos, cajas o archivadores, de la fragilidad de la biblioteca como patrimonio inmaterial, que desaparece junto con el dueño cuando no existe un depositario predestinado y se producen cambios, mudanzas y remodelaciones propios del día a día de la existencia.
No tuve tiempo de preguntarme por la preservación de los libros pues Susan ya estaba buscando el destino que mejor garantizara tanto el resguardo físico como la disponibilidad para los interesados en la obra de su esposo. Sin embargo, el costado inmaterial de la biblioteca de quien, cuando su modo de vida se lo permitió, adquirió libros, los leyó y ordenó a su particular manera, corría un alto riesgo de perderse (es sabido, y es ocasión de recordarlo, que Azcona se desprendió de su primitiva biblioteca de Logroño para costearse el traslado a Madrid).
Era importante que aquella dimensión intangible no desapareciera del todo a causa de manipulaciones–fortuitas o voluntarias–de una colección que ya no utilizaba ni atendía su dueño, o, más drásticamente, debido al corte abrupto que iba a infligir su traslado completo a una institución que le daría otra organización y otros usos. Susan compartió de inmediato esta preocupación y aceptó una propuesta de urgencia, cual fue la toma de fotografías de todos los estantes y rincones, aun sin contar con los recursos técnicos y profesionales más adecuados y a pesar de que el tiempo disponible para llevar adelante la tarea era escaso, puesto que yo debía regresar a Argentina en pocos días. Fue un trabajo contra reloj que no hubiera podido hacer sin la paciencia y generosidad de la anfitriona.
Las imágenes obtenidas son dispares, por la calidad gráfica y por la índole de la información recogida, pero suficientes para preservar la geografía de la biblioteca, con el orden que Azcona dio a sus libros y el criterio para agruparlo en secciones diferentes. Afortunadamente, en otro de mis viajes, tuve oportunidad de retomar la tarea y de afinar la mirada sobre obras, documentos y otros detalles cargados de significado, pero las instantáneas tomadas en el primer reconocimiento, aun con vacíos e imperfecciones, constituyen el archivo gráfico que prefiero por ser el más completo y, gracias al poder de la imagen, el más evocador. Basta contemplarlas para comprobar que ratifican la bondad de la fotografía para detener el tiempo y conservar la sugestión que guardan los objetos cargados de vivencias.
La incorporación del material reunido al sitio WEB Travesías. Otros diálogos transatlánticos y transhemisféricos. Página de literatura española, hispánica y peninsular[2] comenzó seis años después de la muerte del cineasta riojano.[3] En un lapso similar, los libros migraron de Madrid a Logroño, la ciudad elegida para darles cabida.
[1]Una versión más breve de estas circunstancias figura en“La Biblioteca de Rafael Azcona: Madrid 2009 – Logroño 2013, 2020”. rioja2.com. Logroño, España. 5/11/2020.https://www.rioja2.com/n-147402-2-la-biblioteca-de-rafael-azcona-madrid-2009-logrono-2013-2020/
[2]Página de Internet que reúne la producción y los estudios desarrollados por la cátedra de Literatura Española contemporánea de la Universidad Nacional de La Plata, su grupo de investigación y otros proyectos interrelacionados.
[3] El análisis de los testimonios recogidos comenzó a hacerse en el marco del proyecto dirigido por R. Macciuci, H638 “Medio siglo de cultura española desde la trayectoria de Rafael Azcona: un diálogo entre el cine y la literatura”. Programa de Incentivos a la Investigación. SPU – Ministerio de Ciencia y Tecnología – IdIHCS/CONICET-UNLP.
3. Cambios y mudanzas
Como se menciona más arriba, después de analizar posibles destinos, en 2013 Susan Youdelman concretó la donación de la biblioteca que incluía tanto libros como abundantes materiales de archivo a la Comunidad Autónoma de La Rioja.
Su principal objetivo fue que la biblioteca de Rafael estuviera bien preservada, catalogada y cuanto antes, dispuesta para su consulta. Fue así como después de los previsibles deliberaciones e intercambios con diferentes instancias de la Comunidad Autónoma de la Rioja, llegó el momento de que los libros viajaran a Logroño. No faltaron quienes adujeron que en Madrid la biblioteca tendría más visitantes y su potencial se multiplicaría, pero prevaleció la confianza y la convicción de que en la ciudad natal del escritor recibiría una atención más personalizada y adecuada a su contenido y naturaleza.
El beneficio indiscutible de transformar una biblioteca privada en un archivo público preservado por una institución reconocida, como el Instituto de Estudios Riojanos (IER) tenía la contrapartida de la desaparición del espacio personal donde se había generado.
La posibilidad de consultar los fondos dispuestos en la capital riojana que hoy se ofrece a especialistas, seguidores y estudiosos del polifacético universo azconiano, pero también a interesados por los variados temas que aborda la colección, representa la contraparte ampliamente superadora de la pérdida de su diseño original.
Quedaba además la posibilidad de que no desapareciera del todo la biblioteca como parte de un pasado cargado de memoria e identidad, con la valía de entorno inseparable de su dueño, con la arquitectura y la fisonomía que le fue dando a lo largo de los años, y que no se borrara del todo la información oculta detrás de un ordenamiento hecho en función de necesidades, deseos y preferencias. Esa esencial dimensión intangible es lo que se intenta rescatar en esta galería razonadas de fotografías.
A medida que se vaya completando la galería de fotos de esta página, los interesados podrán acercarse a nuevos sectores del que fue uno, tal vez el más preciado, de los ámbitos privados de cultura letrada de Azcona. Podrán evocar su presencia en cada detalle y descubrir al ávido lector y entusiasta hombre de la cultura que coexistía con el cineasta, y comprobar la conexión entre su vida de lector y el polifacético mundo de su narrativa y su cine, su singular estilo y excepcional poética.
Si además quienes se adentran en la página han tenido oportunidad de acceder a la biblioteca en su nuevo enclave, y vivir la experiencia -intelectual y corpórea- de leer, oler y tocar los libros, la experiencia será rotunda.
4. Guía para el visitante: espacios principales
La biblioteca de Rafael Azcona tal como estaba dispuesta en su casa familiar puede subdividirse en numerosas secciones, que se irán detallando a medida que se añadan nuevas páginas a este trabajo.
Sin embargo, con independencia de futuros deslindes en principio se impone una organización básica en torno a tres ambientes hogareños bien definidos, resultado de cierta razón temática, pero, sobre todo, de la funcionalidad y de los usos que el guionista daba a los libros distribuidos por todo el espacio hogareño.
Estancia 1: escritorio, estudio
Era el lugar de trabajo; un espacio amplio y luminoso, con una mesa-escritorio situada de espaldas a un ventanal que daba a la calle. Una biblioteca baja separaba el escritorio del espacio dedicado a biblioteca, que se distribuía por las tres paredes de la habitación, dos de ellas cubiertas de anaqueles hasta el techo, y una tercera, de mediana altura cuyo último estante servía para exhibir objetos relacionados con la trayectoria del autor–premios, estatuillas, obsequios, recuerdos–. Hacia el techo, quedaba una pared diáfana donde colgaban retratos de Rafael obsequiados por diferentes artistas y otros cuadros que evocaban momentos significativos de su carrera.
Los materiales guardados con un criterio de ordenamiento personal y en cierto modo, arbitrario desde el punto de vista bibliotecológico, revelaban la cercanía al propietario, la condición de cuarto propio, donde tenían su sitio tanto los libros más cercanos a su historia de vida como documentos relativos a sus vínculos laborales (contratos, cartas, facturas), archivos de su carrera profesional (fotografías, recortes encarpetados, de prensa especialmente), algunos utensilios domésticos, objetos relacionados con su pasado familiar y logroñés o con el cine que lo representaba. También, digno es de destacarse, guardaba con discreción pinturas de su autoría que muestran cierta supervivencia de la vieja afición azconiana al grafismo y la viñeta.
Pero por sobre muebles, adornos, galardones, dominaban el espacio los anaqueles que guardaban una abigarrada colección de obras impresas. La variada temática y las disciplinas heterogéneas –desde libros raros en torno al sexo y el erotismo hasta una notable colección de mapas y planos callejeros de ciudades de España y Europa, pasando por diccionarios de distintas clases e idiomas y, como no, por abundante bibliografía y literatura sobre cine– demuestran que Azcona reservaba esta habitación en parte alos libros y objetos estrechamente ligados a su biografía más personal, en parte a los que constituían fuentes de consulta esenciales para un trabajo creador que siempre se apoyó en estudios previos y en la información rigurosa; en otros palabras, era su cuarto propio, donde confluían la biblioteca más preciada del lector impenitente y el taller del incansable guionista.
Estancia 2: salón
El salón comedor, dispuesto con los muebles y la decoración propios de una sala de estar y recibir, presentaba casi la totalidad de las paredes, incluso la zona superior a los marcos de puertas y ventanas, ocupadas por anaqueles con libros, álbumes musicales, y vídeos, aunque el porcentaje más alto correspondía a los primeros. A diferencia de lo que sucedía en el escritorio, la clasificación era aquí más homogénea. Esta zona de la biblioteca correspondía a la gran literatura universal, y en menor medida, a libros de arte, de cultura general y científicos, y estaba ordenaba por criterios que combinaban las categorías de autor, género, lengua, nacionalidad. El salón incluía además una nutrida fonoteca y había, por último, un espacio más resguardado donde Azcona se sentaba frente el viejo aparato de televisión y reproductor de películas, rodeado de estantes con numerosas cintas VHS, al alcance de su mano, entre ellas, muchas de las películas que había guionado.
Estancia 3: cocina
Rafael Azcona, se sabe, era de buen paladar. Fue además un buen cocinero que disfrutaba tanto de la preparación como de la degustación de los platos. Acorde con la afición, en la cocina disponía de una colección de libros de asuntos culinarios que además de los clásicos recetario sde distintas regiones de España y países del mundo comprendía otros de materia histórica o antropológica. Merece una mención aparte el manual de cocina francesa que utilizó como fuente documental para el guion de La grande bouffe (Marco Ferreri, 1973)
5. Destino: Logroño, La Rioja
Los libros de Rafael Azcona, junto a otros documentos y materiales gráficos personales, después de ser catalogados por Luis Alberto Cabezón, en 2013quedaron resguardaos y disponibles para el público, como se ha anticipado, en el Instituto de Estudios Riojanos (IER), dependiente del Servicio de Promoción Cultural y Fomento de las Artes Audiovisuales, en la tercera planta del emblemático Palacio de los Chapiteles, calle Portales n°. 2 de Logroño, tras concretarse el deseo de Susan Youdelman de donarlos a la ciudad de la infancia y juventud de Rafael.
En septiembre de 2020 la biblioteca sufrió una nueva mudanza desde la sede del IER a la Biblioteca Municipal Rafael Azcona –cuyo nombre no debe dar lugar a confusión y mucho menos, hacer pensar en una fusión con el legado Azcona– en el marco de los cambios administrativos y edilicios del gobierno autonómico que afectaron a las dependencias del Instituto de Estudios Riojanos, así como a las fundaciones Sagasta y San Millán de él dependientes.
Actualmente, después de superar intermitencias propias de un cambio de domicilio, en pleno contexto del Covid-19, –que dieron lugar a más de un desconcierto–la Biblioteca Personal de Rafael Azcona abrió sus puertas en el antiguo edificio de las «Escuelas Gonzalo de Berceo», calle Alcalde Emilio Francés 34,de Logroño, sede de la biblioteca municipal ya aludida. El catálogo está disponible en línea y el archivo compuesto de libros y otros documentos pueden ser consultados por estudiantes y profesionales que justifiquen su interés o acrediten ser investigadores o similar. Una sección en el sitio WEB de la institución que lo alberga brinda la información básica.[1] Las imágenes visibles en Internet permiten apreciar que las salas han procurado reproducir lo más fielmente posible el diseño de la antigua sede de la calle Portales.
[1]<http://www.blr.larioja.org/cgi-bin/opac.exe/O7040/ID66f99716?ACC=161>
<http://bibliotecarafaelazcona.xn--logroo-0wa.es/index.php/servicios/rafaelazconapersonal.html>
Raquel Macciuci
La Plata, 11 de septiembre de 2014.
Ampliado el 9 de noviembre de 2020.
Actualizado el 26 de junio de 2021.
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